Con las ganas.

Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui solo una más de cientos y, sin embargo, fueron tuyos los primeros voleteos.

Cómo no pude darme cuenta que hay ascensores prohibidos, que hay pecados compartidos, y que tú estabas tan cerca.

Me disfrazo de ti. Te disfrazas de mí. Jugamos a ser humanos en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti. Te deslizas por mí. Jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.

Mis anclajes no pararon tus instintos, ni los tuyos, mis quejidos.
Y dejo correr mis tuercas y que hormigas me retuerzan.

Quiero que no dejes de estrujarme sin que yo te diga nada.
Que tus yemas sean lagañas enganchadas a mis vértices.

Me disfrazo de ti. Te disfrazas de mí. Jugamos a ser humanos en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti. Te deslizas por mí. Jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.

No sé qué acabó sucediendo, sólo sentí dentro dardos.
Nuestra incómoda postura se dilata en el espacio

Se me hunde el dolor en el costado, se me nublan los recodos. Tengo sed y estoy tragando, no quiero no estar a tu lado.

Me disfrazo de ti. Te disfrazas de mí. Jugamos a ser humanos en esta habitación gris.

Muerdo el agua por ti. Te deslizas por mí. Jugamos a ser dos gatos que no se quieren dormir.

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos…
Y las palabras se me apartan, me vacían las entrañas.

Finjo que no sé, que no he sabido.
Finjo que no me gusta estar contigo…
Y al perderme entre mis dedos te recuerdo sin esfuerzo

Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos…

 

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No es amor

Me duele.

Me duele.

Me duele.

Pero no mereces mi dolor…

Porque quien se sabe motivo y no te ampara, pasa a ser culpable.

Porque pudiste, y no quisiste, y no me quisiste, y ya no quiero.

No es amor si sólo te quieren.

Es amor cuando te flotan mariposas en la polla, cuando su voz te enciende el alma, cuando escuchas gritos de ayuda en sus silencios, cuando te mueres, joder, cuando te mueres por ella.

No es amor si no pasas con ella el último puto suspiro de tiempo que os queda juntos.

No es amor si no ves que se muere por ti, joder, como el primer día.

No es amor si sólo te duele cuando estás solo. Llámalo miedo a la soledad, pero no amor.

…..

Y yo qué coño sé del amor, si sólo me muero por él.

 

 

Diógenes 2.0

Hola, me llamo Miss Manías y tengo Diógenes 2.0

La wikipedia dice que: “El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que afecta, por lo general, a las personas de avanzada edad que viven solas. Se caracteriza por el total abandono personal y social, así como por el aislamiento voluntario en el propio hogar y la acumulación en él de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos.”

He recurrido a este síndrome para fabricar en torno a él una metáfora de lo que quiero transmitir. Y desde hoy, me declaro voluntariamente afectada por el síndrome de Diógenes 2.0 en proceso de curación.

A lo largo de los años, nos hemos vuelto completamente adictos a las nuevas tecnologías. No descubro nada al decir esto, ya lo sé, pero hago esta reflexión para repasar mi propia conducta, y por desgracia creo que la de casi todos.

Desde que internet llegó a nuestra vida, hemos ido cambiando nuestra manera de relacionarnos con las personas. Más concretamente, desde que los teléfonos inteligentes llegaron a nuestras manos, hemos puesto nuestros actos al servicio de un teclado virtual que nos permite hacer de todo sin movernos del sofá y sin necesidad de tomar contacto personal con los demás. Nos ha conducido al error de basar nuestras relaciones personales en conductas que lo único que no propician son el contacto personal.

Desde que los teléfonos con cámara y con posibilidad de hacer copia de seguridad están aquí, nos hemos dedicado básicamente a acumular y acumular sin el más mínimo filtro ni reciclaje. Lo guardamos todo, nos sirva o no. Acumulamos fotos, contactos, conversaciones, perfiles en redes sociales… lo guardamos todo, con la excusa del “por si acaso” y del “ay que pena perder esto”.

Yo, enferma de Diógenes 2.0, me descubrí hace unos días repasando una conversación en Dropbox que había olvidado y que hace unos años me partió el alma, y que oportunamente guardé para poder recrearme en ella y hacerme daño tantas veces como me fuera posible.

Yo, que guardé aquella conversación porque “cómo voy a perder algo tan importante”, me dí cuenta hace unos días de la cantidad de basura virtual que he ido acumulando a lo largo de los años. Y sí, también me refiero a personas. Porque a quién no le ha pasado tener la agenda de contactos llena de personas con las que no hablas nunca pero que tienes ahí por no sé qué. O quién no se ha tirado de los pelos cuando ha cambiado de teléfono y ha perdido algún número que ni siquiera recuerda por qué estaba ahí.

Ante semejante epifanía, repasé las copias de seguridad de mi teléfono. En ella encontré guardadas cientos de conversaciones, miles de fotografías y contactos con los que no he hablado en años. Basura, simplemente basura que guardé porque como enferma de Diógenes que soy, en algún momento creí que eran cosas valiosas para mí.

Y mi pregunta es por qué…¿Por qué tenemos la necesidad de aferrarnos de cualquier modo a cosas/personas/recuerdos que en algún momento de nuestra vida fueron mínimamente importantes?

Porque no hablo de cosas que sí son valiosas, y que por tanto es lógico que queramos recordar, hablo de basura. Hablo del “caché” que se queda ahí guardado en el disco duro de nuestra vida ocupando espacio y que nos da miedo borrar por si perdemos algo importante.

Con las redes sociales nos pasa lo mismo. Acabamos acumulando personas, a veces ni tan siquiera eso, acumulamos perfiles, con los que alguna vez hemos cruzado media palabra, y a los dejamos ahí a la vista porque nos da apuro sacarlos de nuestra vida.

Yo, enferma de Diógenes 2.0, empiezo hoy mi tratamiento reconociendo mi problema y abordándolo desde la sensatez. Ayuda mucho salir del círculo virtual por un momento, tomar contacto con la vida real, con las personas reales, y ver que lo realmente importante para nosotros debe estar presente.

Volveré instalar en mi vida a personas, momentos y recuerdos, pero no me temblará la mano para liberar espacio del disco duro de mi vida cuando estos ya no formen parte de ella.

Del tiempo perdido. Robe Iniesta

Para estar contigo las horas, para estar contigo despierto, para hacerle al mundo mejoras y para volar necesito tiempo, únicamente tiempo.
Para ver crecer amapolas, para estar contigo en las nubes, para celebrar el momento y para ser mejor necesito tiempo, únicamente tiempo.
Andar, lo que es andar, anduve encima siempre de las nubes, saltando sobre el fuego de una hoguera de una noche de San Juan.
Y otra primavera que ha tenido que marchar.

Del tiempo perdido, en causas perdidas, nunca, nunca me he arrepentido, ni estando vencido, cansado, prohibido…
Si me caigo y no me levanto, si lo olvido recuérdame que yo soy un poeta y mi vida una letra que escribo en hojas en blanco.
Si olvidara decir que depende de mí, que un rojo atardecer que aún está sin mirar, se mirara y feliz se pudiera marchar.
Si lo olvido recuérdamelo, si lo olvido recuérdamelo, que yo soy un poeta y que mi vida, ¡yepa! la escribo en hojas en blanco.
Puede que haga bien, puede que en remar contra la corriente.

Del tiempo pasado yendo a la deriva nunca, nunca me he arrepentido, ni estando del ala tocado y hundido.
Solo si me ves he llegado ya y todo lo demás no es nada. Que importa el ayer si he vuelto a nacer anoche de madrugada.
Todo lo demás, ay ay ay, todo lo demás no es nada.

Presiento que el frío de mi mirada, queriendo no herirte nunca en nada tal vez te engañe, te haga pensar que no siento nada.
Queriendo no equivocarme en nada, por cierto, falle alguna jugada y tal vez te extrañe, no me arrepiento tal vez de nada.
Andar, lo que es andar, anduve, encima siempre de las nubes, saltando sobre el fuego de una hoguera de una noche de San Juan.
Y otra primavera que ha tenido que marchar.

Ilusión 

Mira que te lo dije, que iba a doler, que siempre te pasa lo mismo. 

Mira que te avisé, que tienes el corazón grande y la memoria más, y que no sabes conjugar el verbo olvidar. 

Te lo dije, te dije que te dolería tanto que acabarías rota. 

Yo te avisé, maldita ilusión, de que el amor es un juego que quema las manos, y las tuyas tienen la piel muy fina. 

Y ahora, dolida, jodida, sin saber olvidar, rota y con las manos en carne viva ¿cómo seguimos adelante?

Porque te necesito. Necesito una chispa de ti en cada cosa que hago. Necesito tenerte para vivir cada día y te necesito entera y fuerte. Porque tú, querida ilusión, eres quien me sostiene. 

Perdóname… porque a veces olvido lo que tú necesitas. Olvido que tú para vivir necesitas una chispa de amor, sea o no correspondido, sea o no doloroso, salga bien o salga mal. 

Perdóname, ilusión, porque a veces me olvido de que el amor nos mantiene vivas. 

Tuiter@s musicales: @Gas_a_fondo1

Siempre lo he dicho, la música dice mucho de nosotros, de quiénes somos y de cómo somos.

Una vez más, he querido saber un poco más de la vida de alguien a través de su música, y le he pedido a una personita que me diga cuáles son las cinco canciones más importantes de su vida.

A mí no se me ocurre mejor regalo que la música, y en este caso el regalo nos lo hace @Gas_a_fondo1 . Él es una de esas cuentas de Twitter a las que sigues por el retraso, el suyo concretamente, y en las que te quedas por las risas y por la persona que hay detrás. Porque detrás de un avatar que dice mucho de él y de su forma de ser, hay una persona realmente encantadora, con una personalidad alegre y fácil y que desprende muy buen rollo. Le tengo mucho cariño a pesar de lo idiota que es, o quizás por eso.

Ha escrito un texto realmente bonito al que no le quiero poner ni quitar una sola coma.

Él es @Gas_a_fondo1 y esta es su historia musical:

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Me han dado permiso para escribir una cosita sobre canciones y no podía negarme. Me han pedido que diga cuáles son mis cinco canciones favoritas, o las que por algo me han marcado en la vida y aquí las voy a compartir con vosotros.

 
No dudo al deciros que la canción que me ha marcado más en la vida es esta que viene a continuación:
Tenía unos trece años cuando encontré sobre un armario de casa de mis abuelos una guitarra llena de polvo. Era algo nuevo. Algo que no había tenido nunca en las manos y me gustó. No fui el típico niño que la coge y empieza a aporrearla sin sentido y haciendo el gamberro, si no que realmente me interesaba. Quería hacerla sonar. Me la llevé a casa y al día siguiente fui con ella a casa de mi mejor amigo. Allí estaba su padre, que en paz descanse, con una mirada entre sorprendido y entusiasmado. – ¿Qué haces con eso, Gaspar? – La encontré ayer en casa de mis abuelos. -Trae, anda. Y entonces: la luz. Tocó delante de mí un par de riffs de una canción que sonó como debe sonar el amor. Era Stairway to Heaven , de Led Zeppelin. No entendía nada. ¿Cómo puede alguien hacer sonar una guitarra de esta manera? ¿Cómo pueden sonar un trozo de madera y unas cuerdas tan bien en mis oídos? En ese preciso instante supe que quería aprender a tocar este instrumento. Y lo hice. Vaya si lo hice. Gracias Rafael.

 

A partir de aquí recuerdo muchas partituras, muchas canciones grabadas en cintas de cassette y sobre todo muchas horas de práctica. En aquella época no existía YouTube y había que aprender con lo que tenías, que en mi caso eran mi oído y canciones de la radio y la MTV.
Y entonces llegaron ellos. Unos niñatos con el pelo pintado de colores, unas zapatillas llamadas Converse y un lenguaje muy sucio y descarado. Entraron directamente dentro de mí, tanto por los ojos como por el oído. Recuerdo cuando vi por primera vez esa canción en la MTV. No tuve tiempo a grabarla y me enfadé mucho. Al sábado siguiente estuve toda la mañana delante del televisor por si volvían a salir y poder grabarlos, ¡y sí! ¡Volvieron a aparecer! Ahí estaban, en camisa de fuerza, con cara de locos y unas guitarras colgando del cuello.
“Do you have the time
To listen to me whine.
About nothing and everything all at once.”
Sí, eran Green Day y la canción era Basket Case. Me encantaba cómo ese espíritu rebelde sonaba en mis oídos y me encantaba cómo sonaba esa guitarra eléctrica. Me invadía un sentimiento, como decir, yo también quiero romper cosas.

 

Era el momento, tenía que comprarme una guitarra eléctrica y hacer mucho ruido, como el que hacía otro grupo que descubrí al poco tiempo. Una de las primeras canciones que recuerdo de ellos era Polly, de Nirvana. En ese momento ya sabía la mayoría de los acordes de la guitarra y no me costó aprender a tocarla. Me gustaba por lo fácil que era (eran 4 acordes) y porque me encantaba cantarla mientras tocaba.

 

Eso sí, nunca se me dio bien cantar. Sabía cuando alguien desafinaba pero yo era incapaz de cantar decentemente, y sigo sin poder hacerlo :-(((  Seguramente lo he heredado de mi madre, de la que recuerdo los fines de semana cantando mientras limpiábamos la casa (porque me obligaba a ayudarla) (te odio, mamá) (no es verdad, en el fondo te quiero) y lo hacía fatal. PERO FATAL. Unos gallos… Qué vergüenza me daba. La recuerdo perfectamente cantando una canción que hablaba de California y de unos sueños y VAYA, OTRO GALLO. MAMAAAAAAA PARAAAAAAA!!!

Teníamos una minicadena con tocadiscos y cassettes. Mi padre compró el cassette de ellos en una tienda de discos. Recuerdo que era blanco. Y ahí estaban, con sus coros, sus guitarras y sus órganos. Era California Dreamin’ de The Mamas And The Papas. Le tengo cariño a esta canción porque me recuerda muchísimo a mis padres.

 

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Pasaron los años y cada vez tocaba mejor la guitarra hasta que por fin mi madre me dio la sorpresa: dinero para una guitarra nueva. En esa época debía tener unos 17 o 18 años y acababa de descubrir otro grupo que le había dado otra vuelta de tuerca al gamberrismo. No tenían reparos en insultar al público, decir guarradas y hablar de mamadas y follar delante de todo el mundo. Además, estaban bastante tarados, lo cual me hacía mucha gracia. El guitarrista tenía una guitarra que me encantaba. Era una Fender Stratocaster, pero era diferente a las otras. Tenía un color verde surfero, y sólo tenía una pastilla de sonido y un ajustador de volumen, lo cual sólo podía significar una cosa: RUIDO. Quería esa guitarra. No era de las más caras, pero aún así valía casi mil euros. Fender Stratocaster modelo Tom DeLonge, el cantante de Blink 182. Quizás uno de los grupos con los que más me divertía al escuchar y tocar sus canciones. Una de ellas era First Date, que hablaba del amor entre adolescentes y sus primeras citas, lo cual en esa época me tocaba de cerca JE JE JE…

 

Y así, con mucho más que contar pero con poco tiempo para hacerlo, creo que os he relatado cuáles son las 5 canciones más importantes de mi vida, o eso creo hasta ahora porque tal vez venga una nueva canción y una nueva gran vivencia y desbanque a alguna de estas 😉
Besos. Sed gamberros.

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GRACIAS MONGOLO.

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Una vez…

Una vez al año, celebro mi vida. Celebro nuestra vida. Maldigo que sean dos y no una, y sigo con la mía.

Una vez al mes, me dedico a pensarte, a pensarme, a pensar. A quererme más que a nadie, a hacer balanza y a que me salga a ganar. A no quererte más.

Una vez a la semana te odio con toda mi alma, me odio con toda mi alma, odio que sea domingo y no sea sofá y manta contigo, miro el reloj para que pasen las horas y por fin es lunes.

Una vez cada hora, me acuerdo de olvidarte. Me recuerdo no quererte. Te odio. Y qué bien.

Una vez cada minuto, suspiro por lo que no y por lo que sí. Y me alimento de oxígeno. Y sigo viva. Y ni tan mal.

Una vez cada segundo me late el corazón. Y ya no estoy tan viva porque los segundo me matan.

Una vez en la vida, dura todo lo que uno quiera. Un momento en la vida me durará hasta que me muera. Que la vida son momentos, y el momento es eterno en quien lo piensa.

Y no le busques el sentido, que no lo tiene, que sólo soy yo en este momento, a esta hora, en este mes, en este año, en esta vida, recordando cualquier momento, olvidándome de ti, olvidándome de mí, olvidándote de mí. Viviendo, respirando y muriendo. Una vez más.

Sonando: Fix You – Coldplay